Reseña de Rebecca de Daphne Du Maurier


Título: Rebeca

Autor: Daphne du Maurier
Nº de páginas: 464 págs.

Sinopsis:

"Anoche soñé que volvia a Manderley...". Nadie que conozca la película basada en esta novela podrá olvidar la voz en off que recita la frase inicial de la obra más lograda de Daphne du Maurier: Rebeca. Así comienzan los recuerdos de la segunda señora De Winter, que la transportan de nuevo a la aislada y gris mansión situada en la húmeda y ventosa costa de Cornualles. Con un marido al que apenas conoce, la joven esposa llega a este inmenso predio para ser inexorablemente ahogada por la fantasmal presencia de la primera señora De Winter, la hermosa Rebeca, muerta pero nunca olvidada. Su habitación permanece intacta, sus vestidos listos para ser lucidos, y su sirvienta, la siniestra señora Danvers, aún le profesa una devoción malsana. Y con el espeluznante presentimiento de que algo maligno le está aprisionando el corazón, la joven comienza a investigar el verdadero destino de Rebeca: el oscuro secreto de Manderley."

Opinión:

"Anoche soñé que volvía a Manderley...". Es una de las mejores líneas que leído y que permanecerán en mi memoria por mucho tiempo, sobre todo por la historia que le continúa y se extiendo a lo largo de 300 páginas y poco más. Rebecca es, como dice su autora "Un estudio sobre los celos" y es que ¿Quién no tendría celos de semejante personaje? 

Me encontré con este libro de forma inesperada y supongo que fue una casualidad, como muchas de las cosas maravillosas que ocurren de vez en cuando. Estuvo en mi estante mucho tiempo, hasta que una tía lo señaló y preguntó de qué iba, no supe qué responder en ese momento porque no había sentido curiosidad o tal vez nunca presté atención, así que esa misma noche lo empecé.

La historia comienza con una particularidad, está narrada en primera persona, pero nunca conocemos el nombre de la protagonista. De esta manera nos adentramos en el mundo de una sencilla joven que se desempeña como dama de compañía para una señora de modales cuestionables y un gran interés por los asuntos ajenos. Durante su estancia en un hotel de Montecarlo, ambas tienen la oportunidad de encontrarse con el conocido, acaudalado y recientemente viudo, Maxim de Winter,  poseedor de la admirada Manderley, mansión rodeada de belleza y tesoros, así como llena de misterios y dolor. Es durante esa semana en la que, tras pasar algunos días en compañía mutua, nuestra protagonista y el Señor de Winter inician una casi imperceptible relación que termina en una propuesta de matrimonio a pesar de las condiciones actuales de cada individuo y la considerable diferencia de edad entre ambos.

Todo va bien durante las primeras semanas, hasta el momento en el que deben regresar a Manderley y enfrentar el presente -y su pasado al mismo tiempo-. Nuestra protagonista sabe que el recuerdo de la difunta Señora de Winter se mantiene en la mente de su esposo y también que Manderley no la ha olvidado, por lo que la ansiedad y necesidad por pertenecer a esa nueva vida, se apoderan de ella. Y la realidad no es diferente a como la imaginó, pues se encuentra frente al constante recuerdo de Rebecca, el desprecio de un ama de llaves que no deja de compararla y un condado que todavía anhela la presencia de su antigua dueña en el lugar. Con un marido al que apenas conoce, la servidumbre que no puede acostumbrarse a su nueva señora y los pensamientos que constantemente la atormentan cuando piensa en que nunca podrá ser como ella, nuestra narradora se consume:

"Acaso yo la obsesionaba a ella como ella a mí. ¿Me miraba desde lo alto de la galería, como había dicho la señora Danvers, y sentada junto a mí cuando me ponía a escribir mis cartas en su escritorio? Aquel impermeable que me puse, el pañuelo que usé... eran suyos. Tal vez me viera cogerlos. Jasper había sido su perro y ahora corría detrás de mí. Las rosas eran suyas y ahora las cortaba yo. ¿Me odiaba y me temía como yo a ella? ¿No hubiera querido ver a Maxim solo en la casa? Yo podía luchar contra los vivos, mas no contra los muertos. De haber habido una mujer en Londres a quien Maxim escribiera y visitara, con quien cenase y riese, contra ella hubiera podido luchar. Nos hubiéramos encontrado en el mismo terreno. No le habría tenido miedo entonces. La ira, los celos se podían dominar. Llegaría un día en que esa mujer envejecería, o cambiaría, o se hastiaría y Maxim dejaría de amarla. pero Rebeca no envejecería. Siempre sería la misma. Ella y yo no podíamos luchar. Era demasiado fuerte para mí."

¿Por qué me ha gustado? ¿Por qué me causó tan grata impresión? ¿Por qué pasé gran parte de la noche y la madrugada leyendo hasta terminarlo?

Porque es un trabajo psicológico muy bien presentado. Durante todo el libro nos mantenemos dentro de la mente de la protagonista mientras lucha contra sus inseguridades y el retrato que se ha formado de Rebecca a raíz de los comentarios, imágenes y rumores que ha escuchado; lo que no hace más que aumentar sus inseguridades, hasta poner en riesgo su cordura y matrimonio. El contraste entre las protagonistas es significativo y de Rebeca no sabemos más que aquello que la narradora se imagina y lo que otros dicen de ella. Nos formamos una imagen propia y nos adentramos en la historia con gran facilidad, llegando a experimentar la desesperación, incertidumbre y desolación que la situación le provoca. 

Aunado al aspecto psicológico, tenemos también la historia que transcurrre de forma paralela, mostrándonos a un Max de Winter que lucha con demonios internos y que no deja entrever para no delatar su naturaleza, dejando con grandes dudas a su nueva esposa y dando qué pensar al lector, quién lo considera ajeno y lejano al bienestar de la Señora de Winter por mantenerse fiel al recuerdo de Rebeca. Y es que nuestros pensamientos van acordes a las ideas de los personajes mientras estos van evolucionando. Los giros que da la historia son poco previsibles, aunque algunos puntos pueden dejarse entrever poco antes de que ocurra. 

El suspenso, el drama y psicología de los personajes, son tres de los aspectos que más resaltaría de este libro y que más me atrajeron. Du Maurier creó una combinación perfecta con ellos y elaboró una obra que mantiene en suspenso hasta el final.

La obra ha sido adaptada a la pantalla grande en varias ocasiones, siendo la primera un trabajo de Hitchcock en 1940. Todas y cada una de ellas se toman ciertas licencias a la hora de representar la historia, dejando intactos los aspectos principales de la novela. Sin embargo, mi preferida ha sido la de 1997 con Charles Dance y Diana Rigg como protagonistas.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Te invitamos a comentar este post. Recuerda ser respetuoso.