"Bookmans" un pedacito de cielo en la tierra para lectores



Escribir este post requiere de mucho más que la descripción del sitio del cual estoy a punto de hablarles. Necesito expresar cómo la curiosidad y esos accidentes fortuitos, a veces nos llevan a zonas que nunca imaginamos siquiera poder conocer, personas maravillosas que no pensabas que existían y cantidades de libros casi inimaginables. Hablar de “Bookmans” en un solo post, es como tratar de verter el océano en un vaso de agua, sé que no puedo hacerlo, pero al menos lo intentaré.

Hace poco más de cuatro años, durante una de las vacaciones que tuve el gusto de compartir con mi familia, me percaté de un establecimiento por el cual pasábamos cada tanto tiempo cuando visitábamos la ciudad de Tucson en Arizona, Estados Unidos. Este establecimiento contemplaba gran parte de la manzana y con letras grandes se leía “Bookmans”, Movies, electronics, Music, entre otras palabras mágicas para mí. Durante muchos años transitamos por esa área de la ciudad, pero no fue hasta ese momento, en el que la curiosidad pudo más y me aventuré a conocer este increíble lugar. Puedo resumir la experiencia como un aliciente para regresar dos veces por año, sólo para quedarme ahí un par de horas y poder disfrutar de ese inolvidable y único momento. Cada visita ha sido especial, pero ésta última (hace 4 días) fue bastante significativa. 

Tuve casi que rogarle a mi familia para que hiciéramos una pausa entre las visitas a centros comerciales para atender pendientes de la temporada. Tristemente para mi madre y hermana, lo mío no es el pasearme durante largas horas entre vestidores y ropa, por eso siempre estoy dispuesta a cambiarlo por estantes y libros. En fin, conseguí que aceptaran dejarme en el lugar mientras yo satisfacía mi inquieta curiosidad y vaciaba mis bolsillos como ellas ya se lo temían, junto con mi padre.

Hago hincapié en que esta ocasión fue especial, porque quizá ha sido en la que más tiempo he pasado dentro del lugar. Cuando llegué y las ya conocidas puertas automáticas se abrieron ante mí, lo primero que me recibió al poner un pie dentro, fue el inconfundible aroma a páginas nuevas y antiguas. No hace falta buscar mucho, los libros están justo frente a mí, en diferentes estantes y con las novedades, los más vendidos y recomendados; justo ahí, para que de entrada sepas lo que te espera en el resto de la librería. De frente se ve el mostrador en donde curiosos personajes sonrientes y entusiasmados, atienden a cualquiera que requiera de su ayuda. Chicos y chicas de no más de treinta años, con apariencias juveniles, extravagantes y sumamente serviciales, se encuentran catalogando material, asistiendo a los clientes o cobrando en cajas. Me reciben con una sonrisa y dan la bienvenida –como si necesitara sentirme todavía más feliz-. A mi derecha hay sillas, un par de sillones y mesas de madera, todas en un pequeño rincón que hacen el espacio acogedor y sumamente atractivo para quien ha pescado ya un libro y desea devorarlo de inmediato. Una vitrina con cristales en tres lados, muestra algunos de los libros más antiguos y valiosos que tienen, con precios que fácilmente pueden ser pagados por aquellos que aprecian el valor de tales ejemplares.

Giro hacia la izquierda y me topo con un enorme estante lleno con juegos de mesa, casi toca el techo y es sencillamente impresionante. Seguido de rompecabezas y una extensa área de revistas con algunas tiras cómicas de periódicos. Para los coleccionistas, es bastante especial. 

La mayor parte del área está compuesta por estantes con libros, pero también abundan los espacios dedicados a los instrumentos musicales, electrónica, así como películas, series, artículos de colección como figuras de acción y novelas gráficas. Es perfecto y no puedo parar de observar cada rincón, cada objeto, cada precio e imaginar, imaginar mucho.

Como se puede esperar, los libros están catalogados primeramente por género (Romance, Ciencia Ficción, Terror, Juvenil, Infantil, etc.) y estos a su vez, por apellido. Debo dejar claro, que al momento de ingresar a este lugar, se deben de tener dos cosas muy claras; es necesario bastante dinero (porque la tentación es extrema) y también tiempo, pues si lo que se desea es buscar un libro en particular, la tarea suele ser ardua, pero no por ello menos agradable. La cantidad de libros por sección es inmensa y toma muchísimo tiempo leer todos los títulos, casi me atrevo a decir que imposible hacerlo en uno o dos días. Afortunadamente, pude ubicar con relativa facilidad y rapidez los que estaba buscando, pero sé que bajo otras circunstancias, otro cuento sería.

Lo que más me llamó la atención de esta visita, fue que pude apreciar con mayor detenimiento a las personas que se encontraban ahí, cada uno en su propio mundo, pero a la vez en uno común. Bookmans tiene sillones y sillas en cada rincón, casi como previendo que al momento de encontrar un libro, el lector pueda caer cómodamente sentado en un lugar del que posiblemente jamás quiera salir. Ahí, en ese rincón donde nadie lo molestará y podrá quedarse sentado hasta que le avisen que ya es hora de cerrar, pero que al día siguiente podrán darle la bienvenida para que continúe su lectura.

Es maravilloso. Es maravilloso encontrarte con adultos mayores sentados en la alfombra con pilas de libros a su lado, ojeando con voraz curiosidad cada ejemplar que han elegido. Llena de inspiración, ver a jóvenes con canastas repletas de libros y sus ojos vagando a gran velocidad por los estantes, con mucha ilusión. Conmueve, observar a los padres junto a sus hijos pequeños, disfrutando de un cuento en una sala rodeada de muñecos, colores, y libros ilustrados. Es difícil describir esta extraña sensación, pero casi podría compararla con el sentirse en casa.

Esta vez, me llevé dos pequeñas sorpresas que añadieron aún más magia a la visita. Mientras buscaba entre los ejemplares de “Wicked” (libro que venía buscando desde hacía tiempo”, una pequeña hojita para hacer fichas bibliográficas, cayó de entre uno de los libros, en ella estaba escrita una frase “Monoinsaturados”, en inglés y al reverso, su definición. Cuando la encontré, no pude evitar sonreír y que por mi mente pasaran una serie de pensamientos que me parecieron inesperados. Lo primero que pasó por mi cabeza fue la pregunta “¿Por qué estoy comprando tantos libros, gastando tanto dinero en ellos?” y acto seguido “¿Para qué?”. Pero no tardé mucho en responderme y mi propia mente, así como las experiencias y el mismo libro que tenía entre las manos, me dijeron que lo hacía, porque los libros eran importantes para mí. Porque gran parte de mi vida se había desarrollado entre páginas, sembrando nuevas ideas en mi cabeza, conmoviendo mi espíritu, retándome a cruzar fronteras, superar miedos, conocer el mundo, abrir la mente y ser más feliz. Lo hacía porque a través de ellos viviría historias y tendría algo para dejarles a los que siguieran después de mi paso, cuando el momento de irme llegara. Me sentí muy conmovida y guardé la pequeña hoja que aparentemente sin sentido, ya representaba para mí una profunda reflexión de casi veinticuatro años de vida. Agradecí mucho ese instante y sé que continuaré apreciándolo.

La segunda sorpresa, se presentó cuando después de publicar una foto en Facebook de mis compras recientes, una querida amiga me envió mensaje para decirme que por mucho tiempo había buscado uno de los ejemplares que había adquirido. No siempre llega la oportunidad de ayudarle a otros a conseguir los libros que tanto han buscado, y esta vez fue una de esas. Le respondí el mensaje, avisándole que pronto regresaría para buscar el resto de la serie, si teníamos suerte la mayoría se encontraría ahí. Y para nuestra sorpresa así lo fue, los ocho tomos en excelentes condiciones y a precios sumamente bajos. Fue motivo de alegría para ambas. No pensé que pudieran encontrarse todos y ahí estaban, como si todo se hubiera puesto en bandeja de plata para que el día terminara en completa felicidad.

Seguí llenando mi canasta de libros y al final –como es de esperarse- terminé gastando hasta el último cuarto de dólar que tenía en el bolso, justo antes de irnos, de regresar a mi hogar. 

Pasé a la caja después de hacer un par de minutos en la fila y mientras la empleada marcaba los libros no pude evitar darle las gracias por el maravilloso lugar que tenía. Me sonrió como yo sabía que lo haría y me dijo que siempre era bienvenida. Le agradecí nuevamente y tome la bolsa reciclable repleta de libros y salí del lugar como si abandonara mi castillo, mi paraíso, el pequeño rincón del cielo que había en la tierra. 

Ignoro de qué manera la señorita habrá tomado mis palabras, no sé qué tan seguido les expresen agradecimientos o cuántas vidas hayan cambiado con Bookmans. Lo que tengo bastante claro, es que por lo menos a mí, me han hecho feliz con cada minuto que he pasado entre esos estantes. Cambiando libros, comprando nuevos, leyendo una y otra vez su posición contra la censura, sentándome en cada sillón que encuentro mientras hojeo ejemplares y bebo café, en fin. He sido muy feliz y decidí compartirles esta nota, porque entre todos los lugares del mundo que podría uno conocer, estoy segura de que ese guarda en cada una de sus páginas, un pedacito de cualquiera lugar que se pueda imaginar. Porque si en algún momento quisiera explorar el universo, es ahí donde probablemente podría encontrar todo lo que necesito para hacerlo y siempre desde la comodidad de un sillón y la sensación de estar en mi hogar.


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2 comentarios:

  1. ¡Vaya paraíso! Muchas gracias por compartir tu experiencia.

    Besos y abrazos :*

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  2. He quedado enamorada. ¡Qué maravilloso lugar! Muchas gracias por compartirlo y nada más ver tu ejemplar de Schultz & Peanuts a biography tuve que apuntarlo a mi lista de deseos.

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