La experiencia del libro constante...

Apenas terminando los exámenes del último tercer parcial de mi carrera, vengo notando la falta de sueño y la necesidad de descansar un poco de lo que ha sido uno de los periodos más tensos. Las presiones, los trabajos, compañeros de equipo y profesores, todo en un corto tiempo que parece eterno.

Durante estos cuatro años de universidad he ido alternando actividades que han sido sumamente importantes para el desarrollo de cualquier estudiante, futuro profesionista. Trabajos, proyectos sociales, estudio, participación comunitaria y un pedacito personal en el que destino siempre un poco de tiempo para la práctica de mis pasiones. Es en este punto cuando me percato de que los libros desde hace mucho han estado conmigo, realmente haciéndome compañía durante los momentos de mayor felicidad y lo más importante, de tristeza o inclusive enojo. Tal vez no siempre tenga la oportunidad de leer, pero hasta esta fecha no recuerdo un momento importante en el que no haya estado junto a mí un ejemplar, teniendo de función decorar el lugar o como mi próxima lectura. Siempre como si mostrara un apoyo incondicional. Ahora los veo junto a mí, justo antes de terminar una etapa importante en mi vida y pienso que además de todo lo que aprendí en clases, he seguido aprendiendo en casa gracias a ellos. Supongo que además de ser excelentes herramientas de conocimiento, también lo son del espíritu.

Probablemente me lleve muy presente, pensando nuevamente en esa compañía, las noches
de desvelo en las que una cantidad indefinida de hojas tenían que ser memorizadas para la mañana siguiente, porque el trabajo previo no había permitido estudiar antes. Y durante los pequeños descansos, haber tomado un libro para leer un par de páginas que se sintieron como agua en el desierto. Sí, aún se trataba de leer. O los gloriosos diez minutos entre clases, durante los cuales aprovechaba para sentarme en los pasillos, disfrutar mi manzana y continuar leyendo. Simplemente ahí, sentada, absorta en la historia y completamente ajena al mundo exterior. Pero el del libro, ese mundo siempre fue mío en cualquier momento.

Viajes en autobús, esperas en sitios públicos, durante las clases en las que ya no había mucho qué hacer, inclusive en las horas libres. Pero lo mejor de todo ¡El servicio universitario en biblioteca!

Y las personas que conocí gracias a ellos...todavía los encuentro por los pasillos y después de saludar la primera pregunta que hacen es ¿Qué libro estás leyendo? ¡Qué maravilla! Sigo
insistiendo cuando toco el tema con alguna persona, el poder tener la oportunidad de compartir con otros este hermoso sentimiento, la experiencia de leer. Te sorprendes aprendiendo y cuánto lo has hecho durante esos momentos de aparente desconexión. Encuentras de un día a otro, que has hecho amigos simplemente inolvidables, personas con los que has compartido risas, comentarios cómplices, errores, recomendaciones literarias y unos cuantos chistes que sólo entre ustedes pueden entender. Ni se diga la compañía que pueden brindarse y el apoyo que nace recíproco, cuando el libro que tanto ha gustado, tiene secuela y todavía no sale al mercado. ¡Cómo he aprendido!

Y ahora los vuelvo a ver, junto a mí, en mi mochila, en el teléfono, inclusive en el reproductor de música. Confieso que me he vuelto una amante incondicional de las letras y parece que ser, soy correspondida. Pienso que tal vez este largo camino ha sido llevadero gracias a su constante presencia, pero quién sabe, tal vez fue todo lo demás. Una de las mejores experiencias que me llevo de esta etapa, si me preguntan, ha sido vivirla tal y como ha venido, intentando mejorarla y siempre con un libro en mis manos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Te invitamos a comentar este post. Recuerda ser respetuoso.