Especial "Día de la mujer"

Cuando estar enamorado significa sufrir, es que estamos amando demasiado. Cuando la mayoría de nuestras conversaciones con amigas íntimas son acerca de él, de sus problemas, ideas, acciones y sentimientos, es que estamos amando demasiado. Cuando disculpamos su mal humor, su indiferencia y sus desaires e intentamos justificarlos, es que estamos amando demasiado'. En este libro, del que ya se ha vendido más de tres millones de ejemplares, Robin Norwood ayuda a las mujeres adictas a esta clase de amor a reconocer, comprender y cambiar su manera de amar.

¿Estás cansada de que todos dependan de ti? ¿Eres la única que levanta las cosas del piso y atiende a todos en casa? ¿En el trabajo terminas resolviendo hasta los problemas de tus enemigos? ¿Por qué dices siempre que sí? Si te sacrificas para que todos piensen que eres buena... este libro es para ti. Para convencer a los otros de nuestra bondad infinita, las mujeres debemos ser sumisas, pasivas, dóciles y serviles. Porque si somos decididas, independientes y ponemos límites... ínos dicen "brujas"! Todas brujas. Las ventajas de ser mala es una guía provocativa, divertida y útil que cuenta de dónde viene la idea de que somos todas brujas y explica cómo podemos aprovechar este prejuicio a nuestro favor. Paso a paso y truco a truco, te ayudará a tomar la decisión más importante: la de ser la heroína de tu propia vida. Con menos culpas y más coraje podrás ser la dueña de tu destino. Todas brujas, las ventajas de ser mala te da miles de consejos prácticos para que llegues a ser una bruja hecha y derecha, arremetas contra el mundo y logres lo que siempre deseaste sin pedirle permiso a nadie. íVerás que ser bruja es mucho más divertido que ser Blancanieves!

Relegadas tradicionalmente a un papel secundario y a menudo pasivo en la sociedad, las mujeres encontraron muy pronto en la lectura una manera de romper las estrecheces de su mundo. La puerta abierta al conocimiento, la imaginación, el acceso a otro mundo, un mundo de libertad e independencia, les ha permitido desarrollarse y adoptar, poco a poco, nuevos roles en la sociedad. A través de un recorrido por las numerosas obras de arte que reflejan la estrecha relación entre libros y mujeres, Stefan Bollmann rinde un sentido homenaje a las mujeres y confirma elexcepcional poder que confiere la lectura. 


Quiero una vida que sea mía! Estas palabras de Sayuri, en Memorias de una geisha, padrían haber sido pronunciadas por cualquiera de nuestras heroínas, los mejores personajes femeninos en la historia del cine: aventureras, luchadoras, rebeldes, abnegadas, locas, ambiciosas, adúlteras, sexis y glamurosas. Desayunan con diamantes, bailan para romper corazones, luchan por su dignidad y aman para ser amadas, caen víctimas de su propio heroísmo y vuelven a levantarse. 


«Esta obra es todo lo contrario a un catálogo hagiográfico de mujeres perfectas. Nunca deseé hacer tal cosa. No sólo no creo que las mujeres tengamos que ser forzosamente admirables, sino que además lo que reivindico es que podamos ser tan malas, tan necias y tan arbitrarias como lo son los hombres en ocasiones. Aspiro a la verdadera libertad del ser, a asumir nuestra humanidad cabal y plena, con todas sus luces y sus sombras. Y así, entre las biografías de este volumen hay señoras perversas y terribles, como Laura Riding o la mortífera Aurora Rodríguez, la madre de la pobre Hildegart. Hay mujeres patéticas y desquiciadas que no pueden ser un modelo para nadie, como Camille Claudel o Isabelle Eberhardt. Y hay otras, en fin, ambiguas y complejas, con logros admirables y detalles horrendos, como la gran Simone de Beauvoir, una pensadora monumental que ocultaba también ciertas miserias. Eso sí: todas ellas, malas o buenas, desgraciadas o dichosas, derrotadas o triunfantes, son personas muy poco comunes y tienen unas vidas fascinantes. Por cierto que en esta edición hemos añadido una biografía más, la de la emperatriz Irene de Constantinopla, otra mujer de órdago, poderosa y malvada como pocas.»

"Hace más de dos siglos, Charles Fourier aseguraba que "los progresos sociales y cambios de época  se operan en proporción al progreso de las mujeres hacia la libertad". La historia argentina, desde la conquista española hasta la actualidad, corrobora a diario la afirmación del socialista utópico francés.

Las mujeres representan hoy "la mitad más uno" de la sociedad argentina, pero han cargado y cargan con buena parte del peso de la historia del país. Como protagonistas en todos los aspectos construyeron su identidad a través del trabajo, la cultura, los debates, las luchas políticas y sociales, la vida familiar, barrial y colectiva. Un papel que, por lo general, suele negarse o limitarse a la mención de unas pocas figuras a la hora de escribir la historia, en la medida en que estas mujeres se hayan destacado en tareas, roles, profesiones u oficios definidos como "masculinos". 


Desde de la Antigüedad, filósofos, artistas y estetas han elaborado teorías sobre el ideal de belleza. En un libro magníficamente ilustrado con obras de pintores como Botticelli, Rubens, Cranach, Courbet, Rossetti, Manet o El Greco, y de diversos artistas modernos, la autora traza la historia de la belleza femenina. No solo muestra los grandes cambios que se pueden apreciar en el ideal de belleza y de perfección, también refleja el rol de la mujer en las diferentes épocas.


Con palabras amenas y expertas, la historiadora del arte Karin Sagner transmite una idea recurrente a lo largo del libro: el deseo de lograr la belleza es universal y atemporal y pone de manifiesto que la belleza como concepto poco tiene que ver con el ideal de perfección que cada época impone.

Uno de los retos del siglo XXI es alcanzar la plena igualdad de derechos entre hombres y mujeres.

Cien años después de que se celebrara por primera vez el Día Internacional de la Mujer, el 19 de marzo de 1911, te invitamos a conocer en las páginas de este libro a un grupo de mujeres que, en épocas en las que no tenían derecho a casi nada, se atrevieron a luchar por sus sueños, y llegaron, incluso, a cambiar la historia.

Desde la Antigüedad, las mujeres han demostrado tener una sensibilidad muy particular hacia los jardines. Por desgracia, tras la caída del Imperio romano iba a suponer un larguísimo paréntesis durante el cual la idea de jardín como expresión artística iba a desaparecer, y con ella el papel predominante de las mujeres en su creación. Hay que esperar hasta el Renacimiento para que mujeres de la realeza o de la alta nobleza puedan dedicarse de nuevo a este arte tan sutil. Los jardines se convierten así en lugares de autorrealización donde la sensibilidad femenina puede expresarse con la libertad de la que carecían en otros ámbitos de la expresión artística.

En esta obra se rinde un especial homenaje a todas las mujeres que convirtieron la jardinería en un arte; a grandes soberanas como Catalina de Médicis o la duquesa de Osuna, a las primeras jardineras, diseñadoras, pintoras y coleccionistas de plantas, pero también a muchas escritoras, como Beatrix Potter o Elizabeth Armin, para las cuales el jardín era un lugar ideal para descansar y un símbolo de amor y libertad.

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