Lloraste por un libro y le cerraste la puerta al amor de tu vida

Siempre procuro traer conmigo un libro por si en algún momento se presenta la oportunidad de continuar su lectura. No es difícil encontrar esos instantes durante el día y siempre viene muy bien tener un espacio para disfrutar de esta hermosa actividad. Es en la universidad en donde espero los minutos de receso disponibles entre cada clase para poder abrir el libro en turno y perderme dentro de él durante un corto periodo de tiempo. Siempre llevo conmigo uno o dos para leer de acuerdo al humor que tenga en ese momento.

Ayer fue uno de esos días en los que precisamente tuve el tiempo suficiente como para dejarme llevar por las páginas y perderme durante un par de horas. Tuve pocas clases por la mañana y en la tarde sólo una de las tres. La profesora de tesis dividió el grupo en dos y ese día tocaba en turno al primero para revisar sus avances, por lo que me quedé con bastante tiempo libre después de la clase de las tres. La universidad había organizado para ese día una feria mexicana con motivo de la independencia del país (16 de septiembre), por ese motivo no dejé de ver estudiantes yendo y viniendo de todos lados con material, carpas, banderitas y muchos adornos variados relacionados con la festividad. Estaba previsto iniciar con la fiesta a las seis de la tarde, por lo que consideré adecuado quedarme en la cafetería leyendo mientras transcurrían esas dos horas de diferencia.

Ingresé a la cafetería y vi que el rincón de los sillones estaba completamente desocupado.
Dos de los televisores se encontraban encendidos y en cada uno transmitía una telenovela diferente (una más ruidosa que la otra "Laura en América"). Así que asumí el riesgo de primero ignorar el ruido exterior y concentrarme en lo que estaba a punto de leer, sólo unos cuantos estudiantes estaban en las mesas próximas conversando en voz baja, nada que molestara o que no pudiera ignorar.

Abrí con entusiasmo mi ejemplar de "La lección de August" y busqué una cómoda posición en el sillón más grande. Realmente traté de encontrar un punto en el que me sintiera a gusto, pero sólo conseguí torcerme en ángulos que no sabía que era posible alcanzar. Hasta que por fin logré quedarme en un punto neutro. Me hubiera gustado poder recostarme, pero no era el momento ni el lugar para esas libertades. Estuve unos cuantos minutos tratando de adentrarme en la lectura, cuando de pronto el sillón comenzó a rechinar de forma peligrosa. Después me di cuenta de que estaba deshecho en la parte inferior y que por suerte no fui yo la que le dio el tiro de gracia. Alcancé a cambiarme a tiempo y terminé casi acostada en el sillón mediano. Fue ahí cuando encontré una posición más cómoda y duré cerca de una hora leyendo en total comodidad. Realmente perdida entre las páginas de la historia al grado de involucrarme en un 100% con los personajes. Estoy segura de ello porque como si hubiese sido un sueño, de pronto me salía de la páginas y veía a mi alrededor percatándome de que había otras personas en el lugar y que posiblemente alguna de ellas me había observado qué sé yo, reír, llorar, hacer gestos o quién sabe dios qué más. Pero no importó mucho y continué leyendo.

Después de un rato me cansé de estar en el mismo punto y sin moverme, así que me senté y para evitar la fatiga apoyé mis codos sobre las piernas y mi cabeza en la mano derecha mientras sostenía el libro con la izquierda. Así estuve por más de una hora. A esas alturas del
libro estaba más que adentrada en la historia y recuerdo haber llorado en una escena (o por lo menos haber hecho gestos de tristeza) pues uno de los personajes había padecido una  situación verdaderamente difícil y no me había quedado de otra más que reaccionar ante su desgracia. Me sorprendió el torbellino de emociones que había despertado en mí y no me percaté de ello hasta que un grupo de chicas llegó hasta donde me encontraba y comenzaron a hablar en voz alta. Quisiera pensar que no me vieron leer y estar concentrada en el libro, pero simplemente me parece imposible, ya que se sentaron en los sillones contiguos al mío. Estaban casi gritando, intenté concentrarme y seguir leyendo, pero no pude, ya que no sé qué sucedió en la novela que estaban transmitiendo que las mujeres comenzaron a gritar y quejarse de la muerte de un personaje (no recuerdo su nombre). Esperé a que se calmaran, pero nunca llegó ese momento.

Finalmente y con la paciencia un tanto agotada decidí alejarme de ahí. Guardé mis lentes, el libro y tomé las galletas que había comprado para terminarlas después. Sin fijarme en las personas que se encontraban ahí me dirigí a las puertas de salida y noté que habían dejado una abierta a pesar del letrero que pedía cerrarlas por la refrigeración encendida. Pasé por ella y la cerré detrás de mí sin voltear. Después de dar unos cuantos pasos un chico que no había visto con anterioridad llegó hasta ponerse a mi lado:

-¿Mucha violencia?-preguntó sonriendo. Supuse que se refería a la situación de las chicas y mi libro.

Me pareció extraño, pues nunca le había visto en el campus. Cabello oscuro, barba, anteojos y camisa de vestir.

-La verdad es que sí- respondí con el rostro un tanto exasperado pero igualmente sonreí -traté de concentrarme pero nomás no pude. Gritaban demasiado y se quejaban porque había muerto no sé quién en la novela- expliqué resignada.

Volvió a sonreír.

-¿También saliste huyendo?-pregunté.

-Sí-contestó.

-Creí era la única-me encogí de hombros (¡Igual que en las novelas!).


-Lo que pasa es que te estuve observando y me acerqué para hablarte pero  guardaste tus cosas y saliste muy rápido. Me fui detrás de ti, pero justo cuando pasaste por la salida cerraste la puerta en mi cara-contó riendo. 

Su afirmación me dejó más que consternada y estoy segura de que por lo menos me sonrojé. Quise parecer arrepentida, pero sinceramente no recordaba los últimos pasos que había dado y mucho menos haberlo visto.

-¡Discúlpame!-Pedí sin saber qué más decir. Me había tomado por sorpresa que me estuviera viendo, sobre todo porque ya me conozco y sé que cuando leo y me meto de lleno en el libro, puedo parecer una loca con tantas caras, sonrisas y lagrimitas.

-No te preocupes-contestó sin agregar otra palabra. Siguió sonriendo y me pareció notar su intención de continuar la conversación, pero llegamos hasta la plaza principal en la que las personas se encontraban arreglando los locales para los puestos de venta.

-Bueno, nos vemos después-dijo sin más, sonrió y se fue caminando hacia otra dirección.

-Adiós-me despedí -y disculpa otra vez por lo de la puerta, no te vi-repetí esperando que de verdad me perdonara. Levantó la mano mientras iba de espalda en señal de restarle importancia y terminé sintiéndome mejor (o eso quiero pensar).

Hablando con una amiga le comenté lo que había sucedido y de inmediato me contestó 

-¿Y si era el amor de tu vida? ¿Estás consciente de lo que hiciste?

-Sí- le dije-probablemente le cerré la puerta al amor de mi vida-respondí sin darle mayor importancia.

Lo que sí que pasó por mi mente fue haber vivido un capítulo que tal vez leí en un libro, o uno lo suficientemente bueno como para que yo lo escribiera.

Un par de horas más tarde lo volví a ver, pero esta vez sentado con un grupo de amigos en una de las bancas de la universidad. Ya eran cerca de las nueve de la noche. Quise acercarme para saludarlo nuevamente pero me arrepentí en el último momento.

¿Qué le iba a decir? ¡Hola! Soy la que te cerró la puerta en la cara esta tarde, la que estabas observando mientras lloraba por su libro. ¿Me puedo sentar contigo para conversar sobre ese tema del que quisiste hablar pero al final no pudimos?


Ni siquiera lo intenté.
Aunque, pensándolo bien, tal vez me habría dicho sí...

12 comentarios:

  1. ah que bonito. supongo que te preguntaras durante mucho tiempo ¿y si...?

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    1. Siempre queda esa pregunta, por eso es mejor no dejar pasar las oportunidades :)

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  2. Digno de la escena de un buen libro, en verdad espero saber que paso después...

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    1. Esperemos que un día llegue a formar parte de un libro :D

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  3. De verdad me emocioné con tu historia *-*, hay momentos en la vida en los que acontecen situaciones de lo más extrañas y luego es inevitable el preguntarse ¿qué hubiera pasado si...? Perderse en el mundo de las letras es a la vez hermoso y peligroso. Espero que tengas pronto otro encuentro casual con el misterioso personaje y esta vez puedan conversar largo y tendido.
    ¡Saludos!
    PD: Recientemente, también disfruté muchísimo con la tierna historia de La lección de August.

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    1. Creo que ya no será posible volverlo a ver, ni su rostro recuerdo; pero la historia quedará como un bonito recuerdo :) Fue un gran libro.

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  4. Que bella historia, un tanto traumante, pero como ya mencionaste digna de un libro, espero y te lo vuelvas a encontrar, y puedas quitarte ese ¿y si...? y quien sabe tener tu amor de libro de nicholas sparks, suerte.

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    1. Son buenas experiencias, no las esperas y eso es lo mejor, además, te cambian :)

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  5. Aaayyyy!!! decime que es una historia real!! por favor, decime que no es ficción, que este tipo de cosas realmente pueden sucederle a alguien.... me daría muchísimas esperanzas... y yo haría lo imposible para seguir charlando!! algo!! lo que sea!! jajaja *suspiro* me enamoré de esta historia.

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    1. Es una historia real, no es ficción, realmente puede suceder y se disfruta hasta el último segundo :D

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  6. Amo la manera en la que escribes y hablas sobre todo a tu alrededor. Fue como si yo también hubiera estado contigo. Como dijeron las demás chicas espero que vuelvas a encontrarte a este chico misterioso y puedas ponerle nombre. Espero con ansias la siguiente nota. Éxito y eres excelente escritora.

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    1. Muchas gracias por el comentario, Carmen! Siempre es un gusto compartirles estos relatos, de alguna manera siento que se pueden identificar y disfrutarlos tanto como yo :)

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