Seis Libros, Seis Aromas




¿Qué lector no ha delirado al hundir la nariz entre las páginas de un libro y dejarse embriagar por su aroma celestial? Incluso de pequeño, cuando los tomos de colegio y yo no nos llevábamos muy bien, ya tenía por costumbre pasar las hojas con rapidez para liberar con más fuerza ese olor bendito que encierran como un tesoro invisible. Pues bien, resulta que esta semana hice lo mismo con los seis ejemplares que tengo en mi mesa de noche   -no me encuentro en mi hogar, así que mi biblioteca completa está muy lejos-  y podrá sonar tonto o muy obvio, pero descubrí que todos tienen aromas diferentes.  Si me hubieran preguntado antes de hacer eso que si todos los libros tenían el mismo olor,  habría dudado un instante para finalmente decir que no, que quizá llevan una fragancia similar pero no la misma. Sin embargo, no habría podido garantizarlo con la seguridad que hoy tengo. Porque resulta que me centré demasiado en captar los efluvios de esas seis historias y todos ellos me contaron algo diferente. Dios, esto último sonó a frase de drogadicto. Les aseguro que no tuve viajes psicodélicos. Mejor pasemos de una vez a los seis aromas de los libritos en mi mesa de noche:

Entre Dos Lunas-Sharon Creech: Es la aventura que estoy leyendo actualmente. De los seis libros, éste posee el aroma más fuerte. Se percibe fácilmente y de inmediato te hace pensar en cartón y fábricas repletas con ese material. Seguramente se deba a que es nuevo; lo recibí hace un par de días. Sin embargo, tiene cierto aire que invita a pensar en que tiene varios años  ya  y que por fin cuenta con libertad para soltar su esencia.  Fuerte pero delicioso.


El Libro Blanco De La Sabiduría-Ruiz de Amadís: Su olor es más sereno y prudente que el del libro mencionado anteriormente. El domingo anterior, cuando hice el ejercicio de oler páginas de cada libro, me había dado la sensación de algo más sólido, pero ayer me costó trabajo detectar su esencia. Hoy, en principio me costó de nuevo aunque ahora ya lo capto algo más fácil. De ello deduzco que es olor esquivo y definitivamente me recuerda al papel periódico que usaba para las carteleras de exposiciones en el colegio. Es una fragancia sobria, ni amarga ni azucarada, pero que cautiva cuando se le antoja.

El Prisionero Del Cielo-Carlos Ruiz Zafón: De los seis ejemplares, éste posee el aroma más dulce. Es fino y tiene rasgos claros que demuestran que es nuevo –lo compré el domingo-. Esa dulzura parece ir adherida a las páginas de modo tal que les brinda un tono a medio camino entre blanco y amarillo. Se ven exquisitas, pero al punto de saborearlas no voy a llegar, que tampoco estoy tan demente. En cierta forma, esa fragancia tiene algo que me recuerda al Cementerio De Los Libros Olvidados, un olor a pasado y experiencia abrumador.

El Circo De La Noche-Erin Morgenstern: Casi puede pasar por un libro inodoro. Se capta una fragancia mínima que no dice mucho. Sus páginas son blancas como la nieve, quizá sea eso, ¿no? Nunca he conocido la nieve como para detenerme a olerla.

Nocturna-Guillermo Del Toro y Chuck Hogan: De todos, éste es el que despide el aroma de mayor vejez. Hundir la nariz en su cuerpo es transportarse de inmediato a bibliotecas antiguas cargadas de polvo y sabiduría. Incluso sus páginas amarillas dan cuenta de que perdió la virginidad hace mucho y ahora anda en mi mesa de noche con una esencia divina que hace soñar con el paraíso. Exquisito, sublime.

Cien Años De Soledad-Gabriel García Márquez: También lo compré el domingo, así que no ha tenido mucho tiempo de soltar sus extremidades cargadas de tinta y recoger el peso del tiempo que le dé un efluvio milenario. Sin embargo, ya posee una fragancia que me hace pensar en periódicos. Es un olor casi amargo pero señorial que me trae a la mente la historia de Una Soledad Demasiado Ruidosa, escrita por Bohumil Hrabal. No me cabe duda de que con el tiempo, éste ejemplar obtendrá una esencia magistral. Quizá en cien años, quizá en cien.

Así que ahí lo tienen, el viaje de un vicioso a través de volúmenes cargados de perfume fantástico. Les recuerdo que cada  libro es diferente de otro, así que mis descripciones pueden no encajar con las posibles copias que ustedes tengan de un mismo título. Por último, sólo queda recomendarles que hagan el ejercicio: cojan cinco o seis libros de su estantería e intenten descifrar los olores que éstos encierran. Hay veces en la vida en las que un olor dice tanto como las palabras.

Jef Volkjten

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