La Catrina (y una calaverita)



Como sabrán, amigos de Librosintinta, en estos días celebramos vida y muerte en México.
 Cada Noviembre 1 y 2, honramos a nuestros seres queridos que ya no están (físicamente) entre nosotros.

Altares, colores vivos, música, comida, risas y llanto se encuentran, sin ton, ni distinción. Estos son símbolos muy reconocidos alrededor del mundo, durante estos días. Y una señora muy especial, es la figura principal: la muerte, representada de manera cálida y, hasta humana, por medio de La Catrina, famosa por sus colores, volantes de encaje en los vestidos, botines y sombrero velado y floreado.

La famosa Catrina fue creada para representar la alta aristocracia, de manera metafórica, durante la Revolución Mexicana (c. 1900), convirtiéndose en símbolo de la Muerte años después. 

Coqueta, seductora, traviesa, feliz, ocurrente nos invita a compartir la vida, la plenitud del aquí y el ahora, el recuerdo de aquel momento que pareciera lejano (nuestra propia muerte). 

Ha sido homenajeada en diferentes ocasiones: ya sea en forma de grabado, por Guadalupe Posadas y Manuel Manilla; en pinturas y murales, por Diego Riviera y Bertha Sandoval Romero; en canciones, con Lila Downs y Susana Harp.



Muerte chiquita, tilica y flaca,
No me vengas a llevar,
Que en estos meros días,
Te voy a celebrar.

Sonriendo, cínica y descaradamente,
De mil colores, siempre estás,
Varada eternamente,
Pues no puedes ir, ni pa’lante, ni pa’tras

Vuelve, vuelve, calaquita,
Vuelve, vuelve, sin cesar,
Que aquí cerquita,
Te van a velar.


Y no podía faltar, una calaverita a honor de nuestra Editora, Ma. Del Carmen: 
 
Carmenchu leyendo estaba,
Muy contentita, sin cesar,
Cuando la muerte, tilica y flaca,
Le dijo: Ni un libro más.
“Cien páginas, nomás”, Ella reclamó.
“Ni cien, ni cincuenta”, la muerte respondió,
“pues cien años de soledad, ya no quiero yo”.

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