"El trueque" una anécdota personal


El día de hoy finalmente llegó a la ciudad la tan esperada feria del libro. Tuve que organizar varias veces mi horario para conseguir asistir a la misma y cumplir con algunos compromisos posteriormente.

La primera feria a la que asistía y seguro no la última.

Había pocas casetas de distintas librerías, pero cada una contaba con excelentes propuestas que tuve que dejar por mi recortado presupuesto estudiantil. Me resigné a sólo verlos, anotar los títulos y hacer mi tradicional "Lista pendiente", para cuando mis ahorros fuesen un poco más elevados.

Recorrí cada uno de los puestos y en el último de ellos encontré como si fuese obra del destino, dos de los ejemplares que más tiempo tenía buscando "Los miserables" y "El conde de Montecristo". No dudé y me hice con ellos (una de las mejores compras que he hecho).

Me quedaba el sobrante de ese billete con el que pagué, así que tenía que pensar muy bien cuál sería el siguiente ejemplar que llevaría a casa.

Vi a lo lejos varias mesas llenas de personas con algunos libros apilados. Corrí hasta el sitio y me encontré con decenas de libros usados pero en buenas condiciones. No pregunté, sólo fui tomando los libros que deseaba y en pocos minutos contaba con una torre de ellos.

Llegué hasta donde se encontraba la encargada y le pedí la cuenta para pagarle. Fue cuando me miró extrañada y comentó:

-¿No te lo comenté?

Respondí que no, temerosa de que fuesen malas noticias. El tono que empleó me sonaba familiar.

¿Es que te vi tan segura que pensé que ya sabías. Aquí sólo realizamos trueques. Tú nos traes libros usados y dependiendo de la fecha de publicación y número de páginas te damos créditos para que te lleves los que quieras.

El alma se me cayó a los pies y observé con tristeza que se me iban de las manos algunos ejemplares que no volvería a ver si los dejaba en ese momento. Muchas personas pasaban a mi lado con intenciones de comprar lo que yo ya llevaba en las manos. Así que tomé una decisión sin dudar.

Dejé apartados los libros después de insistir un poco, casi suplicar y recorrí nuevamente toda la plaza buscando ejemplares usados que pudiese adquirir por precios módicos. 

Encontré a una señora muy amable que me ofreció darme muy buen precio si le compraba. su excelente actitud y evidente amor por los libros me dio la bienvenida de la mejor manera. Le agradecí anunciándole que le compraría por volumen y que sería poco lo que le pediría rebajar el precio. Y así fue. Tomé 10 libros de considerable grosor y buena calidad. Pagué una cifra simbólica (en comparación con lo que podría llevarme con el trueque) y regresé a la mesa principal llena de confianza, como si ya tuviese un instructivo para hacer todo aquello sin temor al error.

Cuando llegué avisé a la señorita que tenía libros para intercambiar y dejé sobre la mesa la pila de tomos. Ella me miró sonriente e inicio el análisis del material. Justo a la mitad del conteo se detuvo y dijo:

-¡No me digas que fuiste a comprarlos!-

Asentí todavía con la respiración entrecortada y ella sonrió con asombro y lo que me pareció ver, felicidad. Sonreí también con entusiasmo y me encogí de hombros. Las palabras realmente sobraban en ese momento.

Contó en pocos minutos los créditos que ganaba con los libros y finalmente me dio la suma total que me correspondía y con la que podría comprar los ejemplares que deseaba.

Levanté la vista con presión en el pecho y le dije:

-Quiero que sepas que me estás poniendo en una de las situaciones más difíciles de mi vida- confesé señalando los libros que tenía frente a mí.

Volvió a sonreír comprensivamente y me dijo:

-Pero así es la vida ¿Qué no? De eso se trata- agregó señalando los ejemplares y luego a las personas que nos rodeaban..

Entendí el punto y con la mirada le di toda la razón. Entonces volví a mi difícil situación y realicé el trueque por tres libros que además de su historia llevarían la mía. Fue un trato justo.

 


  

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