El Árbol de las Brujas, Ray Bradbury

¿Tienes planes para Halloween? ¿Y para después? 
De la forma que sea, creo que no debes dejar pasar la oportunidad de leer (o releer) El Árbol de las Brujas de Ray Bradbury en una fecha como esta. Pero no lo digo sólo yo ¿sabes? Lo dice también una excelente y talentosa amiga, Mary Lovecraft.
Mary, quien también ha escrito microrrelatos maravillosos, nos trae hoy una reseña de esta novela corta. Así que sin más preámbulos, les dejo las palabras de mi amiga:

“-Oh, qué extraño, qué cosa tan rara -murmuró Tom.
-¿Qué? -le dijo Ralph, junto a él.
-Allá, en Illinois, hemos olvidado de qué se trata. Quiero decir los muertos, allá en nuestro pueblo, esta noche, diantre, nadie piensa en ellos. Eso sí que puede llamarse soledad.
Eso es verdaderamente triste. Mientras que aquí, bueno... Es alegre y triste al mismo tiempo. Aquí en la plaza todo son petardos y esqueletos de juguete, y allá arriba en el cementerio todos los mexicanos muertos reciben las visitas de los parientes, y flores y velas y cantos y dulces. Quiero decir que es casi como el Día de Gracias, ¿no? Y todos se sientan a comer, pero sólo la mitad puede comer, pero eso no tiene importancia, están allí. Es como tomarse de las manos en una sesión de espiritismo, sólo que algunos de los amigos ya no están. Oh, diantre, Ralph.
-Sí, sí -dijo Ralph, asintiendo detrás de su máscara -. Diantre.”


  
Nada puede hacer más deliciosa una Noche de Brujas que leer, narrar o vivir, historias de noche de brujas. Es el summum ¿No es cierto? Algo así es lo que consigue el maestro RayBradbury con su novela corta o cuento largo que da título a esta entrada y que yo invitaría a leer en estas fechas, por el tema tan afín, a todos los que creen en la magia.

El Árbol de las Brujas(‘The Halloween Tree’ ,1972) narra la historia de un grupo de amigos que bien dispuestos y ataviados para llevar a cabo el mágico truco o trato de la noche de Halloween, parten de sus casas, en Illinois, con la mayor de las certezas de que será una noche para recordar. Pero algo falla. Falta uno de ellos. ¿Dónde está Pipkin? ¿Se extravió por el camino? Pero...las luces de su casa están apagadas ¿le habrá ocurrido algo grave? porque él no se perdería la noche de Halloween así como así…Temiéndose lo peor, los muchachos son socorridos inesperadamente, por un extraño y oscuro personaje, que lejos de infundirles ningún tipo de escalofríos, se ofrece a ayudarles a encontrar a su amigo. Junto a él se embarcarán en un viaje muy especial, onírico, surrealista, que les transportará a los cuatro rincones del mundo a través del tiempo y el espacio.En esa búsqueda incesante del amigo en peligro, y casi sin darse cuenta, los muchachos conocerán el origen de esa noche tan especial como lo es para ellos Halloween. Así, viajarán a la Edad de Piedra, el antiguo Egipto, las clásicas Grecia y Roma, la Bretaña druida, la Europa medieval y por último, antes de regresar a casa, México.  Llegando a comprender finalmente, cómo a través de los tiempos y las diferentes culturas, toda veneración hacia los que se fueron es sólo una, interpretada de miles de formas distintas, pero todas la misma. El valor en definitiva de la Muerte. Y el valor de la Vida.

Un árbol simbólico, la figura de la propia Muerte y calabazas, momias, mendigos, guadañas, brujas, gárgolas, esqueletos, monstruos y magia. Mucha magia a cada golpe de pluma. Y es que Magia, podría ser la palabra que define el legado de RayBradbury  como lo definió a él mismo en vida: su capacidad para transportar al lector justo dentro de la historia narrada, haciéndolo sentir uno más de los protagonistas, no importa la edad que tengan aquél o éstos.

(Imagen: Portada de la edición española, ‘El Árbol de las Brujas’, Ray Bradbury. Ed. Minotauro, 2002. Barcelona)

Mary Lovecraft, octubre 2012

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