¡Conoce su catálogo esta Navidad!

 Continuamos con el excelente material que pueden encontrar a su alcance para estas Fiestas Navideñas. El regalo perfecto para una persona especial :)


Bella Malicia
Sidney, Australia. Alice es capaz de hacer que Katherine se sienta única en el mundo. Alice tiene un poder de atracción irresistible que, en vez de generar envidia o celos en sus amigas, inspira deseo de parecerse a ella, ganas de compartir su tiempo para contagiarse de su encanto. Katherine, por el contrario, es una chica tímida e introvertida, que acaba de trasladarse a Sidney después de haber vivido una experiencia familiar dura y difícil de compartir. Katherine encuentra por fin en Alice alguien que puede entender sus heridas más íntimas. Pero cuando Alice empieza a mostrarse tal como es, Katherine comprende que no era la persona a quien confiar su secreto. Suerte que pronto tendrá el apoyo de Robbie, Philippa y Mick para superar la terrible prueba que le espera.


El pequeño libro de las nanas

Es posible que los orígenes de las nanas sean tan remotos como los de la humanidad y no es difícil imaginar, hace miles de millones de años, a cualquiera de nuestras antepasadas en una cueva o en un palafito meciendo a su niño en cuclillas para convocar el sueño. El Aleph Editores presenta El pequeño libro de las nanas, una antología de las mejores canciones de cuna de nuestra tradición. Carme Riera, catedrática de Literatura Española de la Universidad Autónoma de Barcelona, ha reunido en esta magnífica edición ilustrada tanto las canciones tradicionales, que han llegado hasta nuestros días por transmisión oral, como otras muchas escritas por algunos de los mejores poetas de la lírica castellana, de Lope de Vega a Rafael Alberti o a Federico García Lorca, entre otros muchos.


Pistola y Cuchillo

En Pistola y Cuchillo, Montero Glez revive al cantaor José Monge, camino de la muerte. Entramos con el gran cantaor en la Venta de Vargas, un pequeño templo flamenco, transfigurado en lugar sagrado, donde Camarón, enfermo y sin resignarse a morir, deberá tomar una de las decisiones más duras de su vida. Pistola y cuchillo es una carrera contra el olvido donde Montero Glez, con voluntad de prosa, resucita el sabor de los antiguos colmados y del cante flamenco en su expresión más jonda. Diálogos a golpe seco, frases que van a galope y que convierten esta magnífica novela en una obra maestra.



Si supieras que nunca he estado en Londres, volverías de Tokio
«Que no salga de aquí: pronto van a echarme de la oficina». Ágata Ponce tiene un plan: acude cada día al trabajo con la esperanza de que Margarita Pulido, su jefa, la mande al paro. Sólo hay un inconveniente y es que Pulido es una buena mujer, «una de esas mujeres buenas y fieles que dieron con su corte de pelo ideal a los quince años y que se merecen lo peor del mundo».

Pero Ágata no sólo está atrapada en la oficina sino también en su pasado y se pasa la jornada laboral escribiendo emails a su ex, un guitarrista afincado en Tokio: «Cuando se acabó, cuando repartimos lo de cada uno, me tocó quedarme conmigo y eso es algo que aún no he querido perdonarte, Jochi. Te creías muy listo y mírate ahora, rogándome que te conteste, que te hable de principios, de finales y de cosas en el medio».



Guerra y Paz

Guerra y paz, un clásico de la literatura universal, se ha traducido varias veces al español pero la edición que presentamos aquí está basada en la única versión completa y autorizada por Tolstói, en una traducción magistral y totalmente fiable al español por Lydia Kúper. Esta edición de Mario Muchnik contiene unos anexos con un índice de todos los personajes que aparecen en la novela, mapas de las campañas napoleónicas en Rusia, un índice que desglosa el contenido de cada capítulo y otro apéndice con la traducción de todos los fragmentos que en el original aparecen en francés. 



Oliver Kitteridge

Olive Kitteridge es una maestra retirada que vive en un pequeño lugar de Maine, en Nueva Inglaterra. A veces dura, otras paciente, a veces lúcida, otras abnegadamente ciega, Olive Kitteridge lamenta las transformaciones que han agitado el pequeño pueblo de Crosby y la deriva catastrófica que va tomando el mundo entero, pero no siempre se da cuenta de los cambios menos perceptibles que afectan a las personas más cercanas: la desesperación de un ex alumno que ha perdido las ganas de vivir; la soledad de su propio hijo, que se siente tiranizado por los caprichos irracionales de Olive; y la presencia de su marido, Henry, que vive su fidelidad conyugal como una maldita bendición. Mientras la gente del lugar va afrontando sus problemas, sean leves o graves, Olive Kitteridge va tomando conciencia de sí misma y de las personas que la rodean, muchas veces dolorosamente, pero siempre con una honestidad entrañable. Olive Kitteridge es un magnífico retablo de vidas. Elizabeth Strout describe con una gran precisión psicológica los desmanes de la condición humana.


Salvatierra

A los nueve años, Juan Salvatierra quedó mudo después de un accidente de caballo. A los veinte, empezó a pintar en secreto una serie de larguísimos rollos de tela que registraban minuciosamente la vida de un pueblo litoraleño. Tras la muerte de Salvatierra, sus hijos viajan desde Buenos Aires para hacerse cargo de la herencia: un galpón inmenso atestado de rollos pintados.

Intrigado por la obra monumental creada por su padre, el hijo menor, Miguel, se dispone a ordenarla. Junto con las telas, desenrolla una intriga de secretos familiares que se hunde en el pasado y echa sus sombras sobre el presente. Salvatierra parece haberlo pintado todo. Profuso como la flora y la fauna que pueblan la ribera, el cuadro se impone sobre la realidad y la desborda.

Solamente falta un rollo para completar el inmenso cuadro pintado por Salvatierra y Miguel siente la imperiosa necesidad de encontrarlo para que el cuadro no sea infinito, para que tenga un borde, un límite. Para tener una vida que no haya sido pintada ya por su padre. Miguel emprende una auténtica aventura que lo llevará a descubrir algo nuevo sobre su padre e impensable sobre sí mismo.

 


Sombrero y Mississippi

«En las manos de nuestros niños, el sombrero y el río vuelven a cobrar la importancia que la ficción les pide. Los elementos se amansan y se ensalzan y sobre todo se adaptan a las verdaderas necesidades de la representación. La historia se termina y la ficción comienza. Sin enfrentamiento alguno. La escritura ni roba ni exige, sencillamente emplea aquello que le es útil. Sin establecer un conflicto. La historia se sabe a salvo de la ficción porque ya ha sucedido plenamente. La ficción no debe nada a nadie porque aún está por suceder.
Y es por eso, que el sombrero flota en el río.

En cualquier caso sobre el río de Mark Twain flota el sombrero de Samuel Beckett, o eso imagino, señalando entre uno y otro, Sombrero y Mississippi, dos parámetros en la escritura, o eso parece.

La idea de cruzar la distancia que separa el Mississippi del sombrero, responde al deseo infantil de pasar una vez más los dedos por el relieve de los mapas. Cualquier aproximación al juego de la escritura debería devolvernos a la intuición de paisajes aún no conocidos, con todos los márgenes de libertad que sea posible idear, como el paseo impreciso de quienes de niños seguían el curso de las latas pateadas con descuido» (Ray Loriga).
 


Error de cálculo


Antes de convertirse en Zalacaín el Aventurero, el llamado Teodoro Sagredo Blanco era un profesor de instituto un tanto asqueado del oficio, aunque cumplidor, eso sí, en la medida en que esto era todavía posible. Hasta que un día, a unos meses apenas de cumplir cincuenta años, la cagó por el simple hecho de afeitarse la barba».

Así, de este modo brillante, comienza la novela y las peripecias del tal Teodoro Sagredo Blanco.

El afeitarse la barba lo convierte, a los ojos de los demás, en otra persona. Nadie, ni su propia familia, su infiel mujer y sus hijos, creen reconocer en el rasurado Teodoro al barbado Teodoro. Como este señor sin barba insiste en ser el que era antes, el barbado, es recluido en un manicomio, la Residencia Social Asistida Nuestra Señora el Amparo, y a la que el narrador decide llamar «el reino de Aglapsia».


Las vidas de Lenush

Corre el año 1958 cuando Elena Tiberescu, una joven rumana nacida en Besarabia y perdida en el baile de la Historia, se enamora perdidamente de Jacob. Sus padres se oponen a esta relación con un hombre judío, pero Elena se empeñará en casarse con él y llevar a cabo su sueño: huir con Jacob de la Rumania comunista y antisemita de Ceausescu y emigrar a los Estados Unidos. Elena, Jacob y su hijo Alexandru recorrerán el mundo por mar y tierra, desde las costas del mar Negro hasta las orillas del río Hudson pasando por Haifa y Roma. En New Jersey Elena obtiene ciudadanía americana y se convierte en Helen Tibb. En su casa aún la llaman Lenush, el único nombre que hace de puente íntimo entre un pasado que ella desprecia y el porvenir duro e incierto que le aguarda en América. En Estados Unidos Lenush deberá afrontar una vida cargada de dificultades: la enfermedad y depresión de su marido; la emancipación de su hijo Alexandru, por el que ella lo había sacrificado todo, y que acaba casándose con Marie, una joven francesa caprichosa. Helen no puede soportar a esta joven egoísta y arrogante, que anda por la vida con un aire de superioridad casi nacional. Helen opta por el silencio, pero detrás de su distanciamiento, Marie detecta una hostilidad creciente. Y a pesar de todo, surge entre estas dos mujeres, tan diferentes y tan enfrentadas por sus orígenes, sus valores y por la rivalidad con que aman a Alexandru, un afecto que crece hasta parecerse al amor.

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